‘Cuñadismo climático’, por un futuro ingeniero verde

En esta plataforma tratamos de dar una visión ajena a la dictadura de lo políticamente correcto, una “patada” al sistema impuesto que en vez de basarse en hechos se basa en sentimientos y censura todo lo que se salga del pensamiento único. Para nuestra desgracia, esta renacida corriente (usada desde muy antiguo) ha salpicado al mundo científico, algo que parecía impensable.

La ciencia se basa en el empirismo, un empirismo colectivo no individual. La ciencia debe estar abierta a debate si no se posee una certeza absoluta de lo que ocurre. Sin embargo, a día de hoy tan sólo sucede en materias avanzadas, pues la ciencia más accesible al público se ha pervertido en algunos aspectos. Nadie se atreve a dar por sentado la teoría de cuerdas, el Big Bang o la gravedad cuántica, pero cualquiera puede opinar sobre el cambio climático sin conocimiento ni razón, simplemente por lo que ha oído o lo que a él le parece. No estoy hablando del clásico “cuñadismo” entre amigos, si no de esa moda impuesta entre la sociedad y la clase política que ha metido las narices antes de que se tenga una idea clara de estos cambios. De hecho, hasta se usa mal la expresión cambio climático, ya que realmente se trata de un proceso natural que acontece en nuestro planeta desde mucho antes de llegar nosotros. A pesar de que las pruebas no son concluyentes, y desde mi punto de vista como estudiante de materias concernientes queda mucho por investigar y observar, el mundo impone silencio a los detractores. Se niega el derecho a dudar y a pedir pruebas científicas concluyentes, no que el hombre de a pie considera concluyente.  El miedo de ser señalado y desacreditado por una ciencia tomada por el populismo y la desinformación impide que profesionales del sector duden a la hora de pronunciarse. El régimen de lo correcto, lo blando y lo superficial impide la verdadera búsqueda de la verdad en un tema realmente importante para el planeta.

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Las redes sociales se han convertido en focos de odio y censura en muchos campos abiertos a la subjetividad, pero me parece aterrador que se haya conseguido imponer este sistema una disciplina que debería estar inmaculada de toda subjetividad, donde la razón se puede esgrimir con pruebas fehacientes por gente que de verdad sabe de lo que habla. Sin embargo, cualquier panfleto sensacionalista y vídeos vacíos con imágenes acompañadas de frases vacías y sin rigor pesa más en un mundo donde la verdad no se demuestra, se secuestra.

En mi vida de estudiante universitario he participado en dos debates serios sobre cambio climático, y la desinformación es latente. Se recitan ideas precocinadas y superficiales en las que no se ha profundizado. El debate ha dejado de serlo ya que si alzas la voz en contra de semejantes memeces tratan de hacerte callar con su tono, su populismo y su mal entendida  ética, no con hechos y razones que engloben realmente el problema. Si no podemos dudar, ¿cómo vamos a avanzar? ¿Cómo vamos a descubrir? Galileo dudó de la física aristotélica, Darwin  del creacionismo, Marie Curie de la radioactividad, etcétera y etcétera. Las grandes mentes dudan, buscan, sopesan luchan y encuentran. Si vivimos bajo la opresión de una idea falsa y no rebatible acabamos con la libertad, tan idealizada hipócritamente por aquellos que censuran la opinión del contrario.

El debate educado, bien moderado, con ideas contrastadas y cuyo fin sea la verdad y no el espectáculo es necesario. El mundo no es blanco ni negro, negar o admitir el cambio climático y ser tachado por dudar de una de las dos corrientes acaba con una de las pocas herramientas que posee el ser humano para descubrir la verdad.

Un futuro ingeniero verde.

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