Preocuparnos por lo que digan de nosotros es y será siempre una gran pérdida de tiempo. Tiempo que nos falta para cambiar el mundo y que a ellos les sobra por puro aburrimiento.
Como escribió Gabriel Celaya,
«Nosotros somos quien somos.
¡Basta de historias y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.
Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos».
El dicho «ladran, luego cabalgamos» se atribuye erróneamente a Don Quijote, pero corresponde a Goethe, quien lo utilizó al final de su poema Kläffer.
«Ladran con fuerza…
Quisieran los perros del potrero
Por siempre acompañarnos
Pero sus estridentes ladridos
Sólo son señal de que cabalgamos».
